El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota Entremos en la estancia mortuoria. Lázaro, envuelto el cuerpo con una sábana, y sujeta esta mortaja con unas anchas tiras de lienzo, que en forma de X se arrollan por todo el cuerpo, yace tendido sobre un lecho. Su cadáver embalsamado exhala un olor agradable. Su rostro, descompuesto por el frÃo soplo de la muerte, está cubierto con un pañuelo. Cuatro lámparas fúnebres alumbran el féretro. A los pies de la cama, sentadas en el suelo, se ven dos mujeres con los pies descalzos, vestidas con un tosco saco de lana y la cabeza llena de ceniza. Estas mujeres lloran amargamente, y de vez en cuando se rasgan las toscas vestiduras y se mesan los enmarañados cabellos. A pesar del llanto, que descompone el semblante, y de la pobreza del traje, se reconoce en ellas que han sido hermosas.
Una de estas mujeres se llama Marta; la otra, Magdalena; ambas son hermanas del difunto. Algunos hombres, parientes de Lázaro, sentados también en el suelo, exhalan profundos suspiros y se rasgan las vestiduras.