El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota «—Señor —exclamó Marta sin comprender el grande milagro que Jesús iba a llevar a cabo a los ojos de cuantos le rodeaban—. Señor, ved que hiede, porque es muerto de cuatro dÃas.»
«—¿No te he dicho que si creyeres verás la gloria de Dios? —repuso Jesús—. Quitad, pues, la losa.»
Y Jesús, alzando los ojos al cielo, continuó:
«—Padre, gracias te doy porque me has oÃdo: Yo bien sabÃa que siempre me oyes. Mas por el pueblo que está alrededor lo dije, para que crean que Tú me has enviado.»
Entonces Jesús, viendo que la muchedumbre absorta no quitaba la losa del sepulcro, como dudando o temiendo, se adelantó y, extendiendo la mano en dirección a la gruta, dijo con tono profético:
«—Lázaro, ven fuera.»[80]
Entonces sucedió una cosa sobrenatural.
La puerta del sepulcro cayó al suelo, desprendida de sus junturas, sin que nadie la tocara. Los que se hallaban presentes retrocedieron unos pasos, porque vieron salir de la boca de aquel sepulcro un cadáver envuelto con sus sábanas y cintas mortuorias, cubierto el rostro con un sudario blanco.
¿Cómo se habÃa levantado aquel cuerpo del suelo, siendo un difunto y teniendo los brazos y los pies sujetos al cuerpo por las tiras del lienzo?