El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota la muerte en el corazón!
¡Ay del que llora perdida
la ventura que soñó!
¡Ay del que su amor confÃa
a una mujer sin amor!
Porque para él ya no tiene
ni rayos la luz del sol,
ni colores la campiña,
ni grato aroma la flor.
Cuando el nocturno caminante terminó el último verso de su romance se hallaba enfrente de la gruta de JeremÃas. He aquà la conversación que oyeron los soldados de Pilato desde su madriguera:
—¿Conque decididamente, hijo mÃo, no quieres pasar la noche en la gruta?
—No. Tú tienes que tratar con Gestas de tus asuntos; yo voy a dormir en el jardÃn de GetsemanÃ: lo he ofrecido.
—¿Quieres llevarte la pollina?
—Soy joven, y la jornada es corta. Más falta te hace a ti.
—¡Ah! ¿Crees tú, querido Boanerges, que Dimas, el bandolero de Samaria, ha perdido las fuerzas?
—No, pero…
—Aún me atreverÃa a apostármela con alguno a correr por los vericuetos de Garizin.
—Conmigo, por ejemplo.