El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota Veíanse, pues, por todas partes robustos dromedarios conduciendo sobre sus encorvados lomos a sus nobles señores; pacientes asnos seguían con tardío paso a los inquietos corceles; hombres, mujeres y niños que en hirviente enjambre se agitaban de uno en otro recinto de la ciudad buscando donde hospedarse.
Jerusalén, contemplada a vista de pájaro, parecía un inmenso hormiguero removido por la cola de una serpiente. Pero ¿qué importaban las incomodidades de la peregrinación a los hijos de Jacob? Lo importante, lo necesario, lo preciso para ellos era celebrar la libertad de su raza, era santificar el memorable día en que los descendientes de Abraham fueron visitados por los ángeles del Señor para sacudir el yugo de Faraón.