El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota En este caso se encontraba Jerusalén la noche del trece de Nisán, cuando dos hombres envueltos en largos mantos judÃos penetraron por la puerta de las Aguas, que era la más próxima al monte de los Olivos. Los dos hombres caminaban con paso receloso, ocultando parte de sus semblantes con los embozos de sus mantos. Uno de ellos era joven; tendrÃa a lo sumo treinta y cuatro años de edad. La túnica de color de corinto subido y el manto gris caÃan con cierta elegancia sobre su bien formado cuerpo. Su rostro era hermoso, el color de su cabello rubio claro, y la barba muy poco señalada. Los ojos, de un azul purÃsimo, respiraban bondad. En sus labios veÃase siempre una sonrisa cariñosa. Este hombre se llamaba Juan, el hijo del Zebedeo.
El otro que caminaba a su lado era más viejo: tendrÃa como unos cincuenta años. Su barba gris y erizada, su nariz aguileña, su mirada altiva y sus facciones pronunciadas, le daban un aire de audacia aventurera que muchas veces se tornaba sombrÃa. El traje era igual al de su compañero: llamábase Pedro, y era hijo de Jonás.
Cuando los dos nocturnos y silenciosos judÃos cruzaron la puerta de las Aguas y se hallaron en la ciudad de David, torcieron a la derecha, y cruzando parte del arrabal de Ofel, se internaron en la ciudad hasta llegar al palacio de Caifás, desde donde directamente llegaron a la piscina grande de Sión.