El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota —¡Ah! ¡Vedle allÃ! ¡Jesús mÃo! —exclamó MarÃa, extendiendo una mano en dirección al camino de Bethania.
—Hasta las aves del cielo cantan su bienvenida, y las palmeras se inclinan para saludarle y el viento trae entre sus pliegues todos los perfumes del LÃbano y del valle de Zabulón para embalsamar sus palabras divinas —repuso Magdalena.
La gente comenzó a moverse como una gran culebra. Todos querÃan verle pasar. Todos codiciaban tocar sus vestiduras, porque daban la salud al cuerpo. Todos anhelaban oÃr sus palabras, porque eran la fuente del consuelo, el fecundo manantial de la fe.
Jesús se aproximaba a las murallas de la ciudad santa humildemente montado en un asno, rodeado de sus discÃpulos y de un pueblo hambriento del amor y el consuelo de sus palabras. Y las gentes que iban delante y las que iban detrás gritaban:
«—¡Hosanna! ¡Hosanna al hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!»
Y todos se conmovÃan al verle y decÃan en voz baja:
«—¿Quién es éste?»
Y algunos respondÃan con fervoroso acento:
«—Éste es Jesús, el Profeta de Nazaret de Galilea, el MesÃas prometido».