Enquiridion
Enquiridion Y, sin embargo, por lo general, hacemos justamente lo contrario: perdemos todo nuestro tiempo en la tercera cuestión, descuidando por completo la primera. Por lo que mentimos, e inmediatamente nos disponemos a explicar cómo se demuestra que no está bien mentir.
En toda ocasión deberíamos tener siempre a mano las siguientes máximas:
«Júpiter y Décima, conducidme
doquier vuestros decretos han establecido mi puesto.
Obedezco alegremente, y de no hacerlo,
malvado y arruinado igual tendré que obedecer».
CLEANTES.
«Quien obedece correctamente al Destino
sabio es entre los hombres
porque conoce las leyes del cielo».
EURÍPIDES, Frag. 965
Y este tercero:
«Oh Critón, si así place a los dioses, deja que así sea.
Anito y Melito pueden matarme, por cierto; pero hacerme daño, no pueden.
PLATÓN: Critón y Apología de Sócrates.