Manual de vida
Manual de vida Por eso Zenón no estaba angustiado cuando iba a encontrarse con AntÃgono […].
—¿Te angustiarÃas siendo jinete al llegar al campo frente a uno de a pie, cuando tú te has entrenado mientras que él carece de entrenamiento?
—Ya… Pero tiene poder para matarme.
—Entonces di la verdad, desdichado, y no andes presumiendo ni consideres que eres filósofo, ni ignores a tus dueños sino que, mientras te sigas aferrando al cuerpo, sigue a cualquiera que sea más fuerte. Deja ese asunto a quienes se interesan por él, a los que tienen coraje; tú anda a lo tuyo y no te apartes nunca de ello; vete a un rincón y siéntate y entrelaza silogismos y propónselos a otro
que no hay en ti un hombre que pueda servir de guÃa a la ciudad.