Manual de vida
Manual de vida La angustia
Cuando veo a un individuo angustiado me digo: «¿Qué querrá éste? Si no quisiera algo de lo que no depende de él, ¿cómo iba a estar angustiado?».
Por eso el citaredo no se angustia cuando canta solo, pero sí al entrar en el teatro, aunque tenga muy hermosa voz y toque bien la cítara. Porque no sólo quiere cantar bien, sino también gozar de buena fama, y eso ya no depende de él.
Así que si lo que no depende del albedrío no son males ni bienes y lo que depende del albedrío está todo en nuestra mano y nadie puede arrebatárnoslo ni procurarnos lo que no queremos, ¿dónde hay aún lugar para la angustia? Pero nos angustiamos por el cuerpecito, por la haciendita, por el qué le parecerá al César, pero no por lo interior. ¿Y por no admitir la mentira, no? No, depende de mí. ¿Ni por sentir impulsos contra naturaleza? Tampoco por eso.
Cuando veas que uno está pálido, igual que el médico dice por el color: «Ése padece del bazo, ése del hígado», así también di tú: «Ése padece del deseo y del rechazo, no anda bien, tiene fiebre». Pues ninguna otra cosa cambia el color ni provoca temblor y rechinar de dientes ni
hace doblar las rodillas y apoyarse ora en un pie, ora en otro.