Agamenón
Agamenón no visitan, es el miedo, no el sueño, quien vela a mi
lado, para que en mi somnolencia no cierre de una vez
los párpados; y cuando quiero cantar o tararear, y
aplico musical remedio contra el sueño, deploro y
lamento el infortunio de esta casa que ya no rige la
antigua excelencia.
20 Pero, ¡ojalá fuera la liberación feliz de mis trabajos y en
el negro de la noche apareciera el fuego fausto! (A lo
lejos se ve una luz) ¡Ah! Salve, antorcha de la noche
que alumbras la luz del día y la institución de coros
numerosos en Argos por esta suerte. ¡Viva! ¡Viva! Hago
saber claramente a la mujer de Agamenón, que salte
del lecho con presteza y en el palacio en honor de esta
antorcha el grito fausto eleve, si es verdad que la
