Las Coéforas
Las Coéforas CORIFEO. ¡Ay, ay!, miserables acciones. Tú has sucumbido a una muerte espantosa. ¡Ay, ay! Con el tiempo también el castigo florece.
ORESTES. ¿Lo hizo ella o no lo hizo? Tengo por testimonio este velo, teñido por la espada de Egisto; la mancha de sangre ayuda con el tiempo a destruir los múltiples colores del bordado. Ahora, ya me alabo a mí mismo, lamento ante vosotras, y al invocar a este tejido asesino de mi padre, me aflijo por la acción, por el castigo y por toda la raza; de esta victoria guardo una abominable impureza.
CORIFEO. Nadie entre los mortales pasará, sin castigo , una existencia del todo exenta de males. ¡Ay, ay! Una tribulación llega hoy, otra mañana.