Las suplicantes
Las suplicantes Ya que sobre mí tienes noticias, dime tu raza y cuéntame ya el resto: mas no gusta mi patria de retóricas.
CORIFEO. Clara y concisa será mi respuesta: nos gloriamos de ser de argiva raza, de la fecunda vaca descendientes. Mi discurso dirá si todo es cierto.
REY. Increíble, en verdad, oh forasteras, es cuanto me decís: ¡Que sois argivas! A mujeres de Libia parecidas más bien sois que a mujeres de esta tierra. También el Nilo pudo haber criado igual retoño; y el estilo ciprio que en femenino molde el macho imprime es semejante al vuestro. Tengo oído también que hay indias nómadas que montan en camellos, cual si fueran caballos, en su silla, y recorren las regiones vecinas del país de los etíopes. También podría, si llevarais arco, creer que sois aquellas Amazonas sin esposo y que comen carne cruda. Si tú me informas yo podré entender cómo es tu linaje argivo y tu simiente.
CORIFEO. ¿NO dicen, pues, que de Hera, en esta tierra de Argos, sacerdotisa fuera Ío?
REY. LO fue, y la tradición se ha difundido.
CORIFEO. ¿Y que, aunque era mujer, Zeus poseyola?
REY. Y que Hera no ignoró estas relaciones.
CORIFEO. ¿Cómo acabó la divinal porfía?
REY. Vaca hizo a la mujer la diosa de Argos.
CORIFEO. Y, ¿no se acercó Zeus a esa ternera?
REY. Bajo forma de toro, según cuentan.