Prometeo Encadenado
Prometeo Encadenado PROMETEO. ¿Qué es esto? ¿Tú también quieres asistir a mis tormentos? ¿Cómo, dime, abandonando el río a quien das el nombre y las cuevas naturales que tienen techo de roca, a llegar te has atrevido al país que el hierro pare? ¿Acaso a ver mis desdichas y a lamentar mis desgracias compasivo aquí has venido? Contempla, pues, estos grillos: soy el amigo de Zeus, aquel que ayudole un día a establecer su reinado, y ¡a qué penas me condena! OCÉANO. Te veo, sí, y deseo aconsejarte, aunque eres muy astuto. Prometeo, lo mejor para ti. Piensa en quién eres, y adopta nuevas formas de conducta. Nuevo es también quien reina entre los dioses. Si quieres persistir en la dureza de tu acerada lengua, y le diriges afilados reproches, Zeus podría oír tus amenazas, porque, al cabo, su trono se halla en un lugar más alto. Y entonces pensarás que tus miserias son un juego de niños solamente. Ea, infeliz, olvida tu talante, y busca algún remedio a tus pesares. Acaso pensarás que mis razones son razones de vieja, y anticuadas. Pero eso que te ocurre es solo el fruto de tu altanera lengua, Prometeo. Tú no te humillas ni a los males cedes. Con ello lograrás nuevos castigos. Aprende, pues, de mí, y no perseveres en herir con tu pierna el aguijón. Mira que es duro el nuevo rey, y nadie puede pedirle cuentas de sus actos. Y ahora yo me marcho, y, si es que puedo, intentaré librarte de tus males. Calma, empero, tus iras y el lenguaje altanero que brota de tus labios. ¿O es que, siendo tan sabio, acaso ignoras que temeraria lengua es castigada?