El varón domado
El varón domado El hombre ha diseñado la civilización: inventó las leyes, los sistemas, las ciudades, la tecnología, las reglas del juego. Pero todo ese esfuerzo no le garantiza control alguno. Cada avance, cada conquista, cada comodidad que ha creado… ha sido puesto al servicio de alguien más. Trabaja todo el día, construye imperios, se convierte en líder… y al final, todo eso es para que su mujer viva mejor. Ella no necesita inventar nada. Solo necesita estar allí para disfrutarlo. Él no vive en lo que construyó: lo mantiene. No lo disfruta: lo sostiene. Incluso los avances en derechos femeninos, en educación, en acceso, han sido impulsados por el varón con la esperanza de elevar a la mujer a su nivel. Pero ese mundo intelectual, ambicioso, competitivo, no es donde ella quiere estar. Ella lo mira desde afuera, lo aprovecha, pero no lo construye. El hombre es como el arquitecto que diseña una casa perfecta… y vive en el garaje. Cree que manda, que controla, que gobierna. Pero solo está ocupado, exhausto, útil. Ha montado una maquinaria inmensa que gira en su contra, que lo consume mientras otros disfrutan del resultado. Y lo más trágico: lo hace con orgullo.
