Tragedias griegas
Tragedias griegas HERACLES.— [510] ¡Yo te saludo, Admeto, rey de los tesalianos! ¡Sé dichoso!
ADMETO.— Eso quisiera. Ya sé cuán benévolo eres.
HERACLES.— ¿Por qué apareces con la cabellera lúgubremente rapada?
ADMETO.— Voy a sepultar un cadáver este dÃa.
HERACLES.— ¡Aleje de tus hijos la desdicha un Dios!
ADMETO.— Vivos están en las moradas los hijos que engendré.
HERACLES.— Aunque sea el muerto tu padre, era muy viejo ya.
ADMETO.— Vive, y mi madre también, Heracles.
HERACLES.— Pero ¿acaso es tu mujer Alcestis quien ha muerto?
ADMETO.— Con respecto a ella, puedo darte una respuesta doble.
HERACLES.— [520] ¿Dices que ha muerto, o vive?
ADMETO.— ¡Existe y no existe, y me abruma de dolor!
HERACLES.— No lo entiendo. Hablas de un modo obscuro.
ADMETO.— ¿No sabes el destino que tenÃa que sufrir?