Tragedias griegas
Tragedias griegas ADMETO.— Hombres ferenses que estáis aquà presentes y que me sois propicios: ya los servidores, habiendo adornado el cadáver según el rito prescrito, lo llevan a la pira elevada y a la tumba. Vosotros, como exige la costumbre, [610] saludad a la muerta que emprende su último camino.
(Entra Feres, seguido de los servidores con las honras fúnebres).
EL CORO.— Veo venir a tu padre con pie senil, y a los servidores que llevan en sus manos las galas con que se honra a los muertos.
FERES.— Vengo a sufrir tus males, hijo, porque has perdido a una mujer excelente y casta, y nadie dirá lo contrario; pero es preciso soportar esta desdicha, por pesada de soportar que sea. Recibe estas galas, y deposÃtense bajo tierra. Conviene honrar el cuerpo de la que ha muerto [620] por salvar tu vida, hijo mÃo, de la que no me ha privado de hijos y de la que no ha permitido que me consuma en una vejez abrumadora. Acometiendo tan noble acción, ha conquistado para todas las mujeres una gloria magna. (Dirigiéndose al cadáver). ¡Oh tú, que me has conservado a mi hijo y me has alzado cuando yo caÃa, salve! ¡Y ojalá seas dichosa en las moradas de Edes! Digo que matrimonios asà son los que necesitan los mortales, porque, si no, es inútil casarse.