Tragedias griegas
Tragedias griegas ADMETO.— ¡Perezcas tú mismo, y perezca también la que habita contigo! Envejeced como os merecéis, privados de vuestro hijo en vida suya, porque no volveréis a estar bajo el mismo techo que yo. ¡Si pudiera, con ayuda de los heraldos, renunciar a la morada paterna, que es tuya, renunciarÃa! (A los hombres del cortejo fúnebre). Por lo que a nosotros respecta, ya que hay que soportar la actual desdicha, [740] coloquemos en la pira este cadáver.
EL CORO.— ¡Ay, ay! ¡Qué desventurada te ha hecho tu osadÃa! ¡Oh bien nacida y la mejor de las mujeres, salve! ¡Que Hermes subterráneo[42] sea benévolo contigo, y que Edes te acoja bien! ¡Y si se recompensa allà a los buenos, participa de esos bienes, y siéntate junto a la esposa de Edes[43]!
(El cortejo se encamina hacia la tumba acompañado por el coro).
(Salen todos. Luego entra un sirviente).