Tragedias griegas
Tragedias griegas EL CORO.— Ya que nos lo confías, en interés tuyo y por respeto a las leyes de los mortales, te exhorto a que no hagas nada de eso.
MEDEA.— No puede ser de otro modo; pero se os deben perdonar vuestras palabras, porque no padecéis mis males.
EL CORO.— ¿Y te atreverás a matar a tus hijos, mujer?
MEDEA.— Así se desgarrará más cruelmente el corazón de mi marido.
EL CORO.— Y así serás la más desgraciada de las mujeres.
MEDEA.— Bueno. Ya huelgan todas las palabras. [820] (Dirigiéndose a la nodriza). Ve y tráeme a Jasón. Siempre me has sido fiel. No digas nada de lo que he resuelto, si es que quieres a tu señora y si has nacido mujer.
ESTÁSIMO 3.º (824-865).
El CORO.—
Estrofa I: ¡Dichosos los Erectidas[97], hijos de los Dioses dichosos, alimentados con la ilustre sabiduría de una tierra sagrada o inviolable, [830] que caminan con alegría por el aire resplandeciente, donde dicen que en otro tiempo la rubia Harmonía[98] parió a las Musas Piérides!