Tragedias griegas

Tragedias griegas

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Antistrofa I: Donde dicen que Cipris, sacando agua del Cefiso[99] de hermosa corriente, refrescó el país [840] con los dulces hálitos de los vientos, y coronando siempre su cabellera con guirnaldas de rosas perfumadas, da por compañeros a la sabiduría los amores aliados de todas las virtudes[100].

Estrofa II: ¿Cómo la ciudad de los ríos sagrados[101], la tierra protectora, va a recibirte igual que a los demás, a ti, [850] matadora impía de tus hijos? ¡Piensa en el asesinato de tus hijos, en el crimen que habrás cometido! ¡No! ¡Por tus rodillas, te suplicamos todas que no mates a tus hijos!

Antistrofa II: ¿De dónde extraerán audacia tu espíritu, tus manos y tu corazón para obrar contra tus hijos, y osar cometer con ellos esa acción horrible? [860] ¿Cómo vas a poder presenciar ese asesinato sin llorar, si posas tus ojos en tus hijos? No, no tienes un corazón tan implacable, que puedas manchar tu mano asesina con la sangre de tus hijos prosternados en súplica a tus plantas.

(Aparece en escena Jasón, acompañado de la nodriza).

EPISODIO 4.º (866-975).

JASÓN.— Vengo a instancias tuyas; y aunque estés irritada contra mí, no te faltará mi benevolencia. Aguardo a que me digas qué otra cosa quieres de mí, mujer.


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