Tragedias griegas
Tragedias griegas MEDEA.— No me digas eso. Se asegura que los presentes ablandan a los mismos Dioses, y el oro puede sobre los hombres más que una multitud de palabras. La favorece la fortuna y hoy le es propicio un Dios. ¡La recién casada manda, y redimiría yo del destierro a mis hijos con mi vida, no solamente con oro! Entrad, pues, en las moradas, ¡oh hijos! rogad como suplicantes [970] a mi señora, la nueva esposa de vuestro padre. Conjuradla a que no permita que abandonéis esta tierra, y ofrecedle estas galas, porque importa mucho que reciba en propia mano estos presentes. Id cuanto antes, y traed a vuestra madre la buena noticia de que ha salido bien cuanto ella desea.
ESTÁSIMO 4.º (976-1001).
El CORO.—
Estrofa I: Ahora no abrigo esperanza alguna de que esos niños vivan ya más tiempo, porque van a la muerte. Al recibir esa corona de oro[103], la desventurada esposa recibirá su ruina. [980] Con sus propias manos pondrá en su rubia cabellera el tocado del Hades[104].
Antistrofa I: La deslumbrará el divino brillo del peplo y de la corona de oro artísticamente labrada, y va a ataviarse para los muertos. Caerá en la celada, y en ella encontrará la Moira mortal. No evitará su perdición.