Tragedias griegas
Tragedias griegas MEDEA.— Amigas, he resuelto matar inmediatamente a mis hijos y abandonar esta tierra, y no tardar en hacerlo, con el fin de no entregarlos a cualquier otro, que los mataría con mano más cruel. [1240] Es preciso que mueran, y los mataré yo misma, que los he parido. ¡Vamos, ármate de valor, corazón mío! ¿Por qué tardas en llevar a cabo este mal cruel, pero necesario? ¡Y tú, miserable mano, coge la espada, cógela! Ve en pos del triste límite de la vida, no seas cobarde, no te acuerdes de tus hijos, ni de que los quieres, ni de que los pariste. ¡Olvida a tus hijos por un solo día, que ya gemirás después! ¡Los mataré, [1250] y los quiero verdaderamente, y soy una mujer desdichada!
(Entra en la casa).
ESTÁSIMO 5° (1251-1292).
EL CORO.—
Estrofa: ¡Oh Tierra, oh rayo de Helios que iluminas todas las cosas! mirad, ved a esta miserable mujer antes de que ponga en sus hijos una mano parricida y sangrienta. ¡Descienden de tu raza de oro, Helios[115], y es horrible que la sangre de los Dioses sea vertida por los hombres! ¡Oh divina luz, detenla, refrénala! ¡Echa de las moradas [1260] a esa miserable Erinnis sangrienta enviada por los Demonios funestos[116]!