Tragedias griegas
Tragedias griegas MEDEA.— Largamente podrÃa responderte a eso, si no supiera el padre Zeus lo que has recibido de mà y lo que me has dado a cambio. Pero no estaba en tu destino pasar una vida feliz ultrajándome después de despreciar mi lecho. Y ni la joven real, ni Creón, que ha proyectado ese matrimonio, habÃan de echarme impunemente de esta tierra. Si te place, llámame leona y Scila que habita el estrecho Tirreno, [1360] pues, a mi vez, te he desgarrado el corazón, como es justo.
JASÓN.— También tú gimes y compartes mis males.
MEDEA.— Sabe que asà es; pero me es grato mi dolor, porque no puedes burlarte de él.
JASÓN.— ¡Oh hijos, qué mala madre habéis tenido!
MEDEA.— ¡Oh hijos, habéis perecido por culpa de la perfidia paternal!
JASÓN.— En verdad que no es mi mano la que los ha matado.
MEDEA.— Son tus recientes bodas y la injuria que me has inferido.
JASÓN.— ¿Y te resolviste a matarlos a causa de mi matrimonio?
MEDEA.— ¿Crees que esa es una ofensa leve para una mujer?
JASÓN.— Para una mujer modesta; pero para ti es ofensa todo.