Tragedias griegas
Tragedias griegas MEDEA.— [1370] (Señalando a los cadáveres.)Han muerto, y eso es lo que te desgarra.
JASÓN.— En adelante serán Demonios terribles sobre tu cabeza.
MEDEA.— Los Dioses saben que fue a causa de esa desgracia.
JASÓN.— Verdaderamente, conocen tu corazón abominable.
MEDEA.— ¡Eres odioso para mÃ! Me dan horror tus palabras amargas,
JASÓN.— Y a mà las tuyas. Fácil es nuestra separación.
MEDEA.— ¿Cómo? ¿Qué hay que hacer? La deseo ardientemente.
JASÓN.— PermÃteme que sepulte a estos muertos y que los llore.
MEDEA.— ¡No, por cierto! Los sepultaré yo por mi mano en el bosque sagrado de la Diosa Hera, sobre el promontorio, [1380] a fin de que ningún enemigo suyo pueda ultrajarlos violando su tumba. Y en esta tierra de SÃsifo instituiré ana fiesta solemne y sacrificios con motivo de tan impÃo asesinato. Y me iré a habitar en la tierra de Erecteo, en casa de Egeo, hijo de Pandión. En cuanto a ti, morirás miserablemente, como es justo, herido en la cabeza por los restos de la nave Argos, después de ver el fin lamentable de tus bodas.