Tragedias griegas

Tragedias griegas

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[255] HERALDO.— ¿No es verdad que resultará una vergüenza para mí y, en cambio, no será un perjuicio para ti?

DEMOFONTE.— Para mí sí, en caso de que te consienta que arrastres a éstos.

HERALDO.— Tú échalos de tus fronteras, y, luego, desde allí nos los llevaremos.

DEMOFONTE.— Eres torpe de nacimiento, si albergas proyectos que corrijan los de la divinidad.

HERALDO.— Los malvados han de huir, según parece, hacia aquí.

[260] DEMOFONTE.— La sede de los dioses es una defensa común para todos.

HERALDO.— A los de Micenas no les parecerá así, seguramente.

DEMOFONTE.— ¿No es verdad que yo soy señor de los de aquí?

HERALDO.— Sí, si no dañas a aquéllos en nada, caso de que seas prudente.

DEMOFONTE.— Sufrid daño, con tal que yo, al menos, no ultraje a los dioses.

[265] HERALDO.— No quiero que tú sostengas una guerra contra los argivos.

DEMOFONTE.— También yo soy de tal opinión. Pero no me despreocuparé de éstos.

HERALDO.— Me los llevaré, en verdad, tomando a quienes son míos.


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