Tragedias griegas
Tragedias griegas DEMOFONTE.— Entonces no te vas a ir fácilmente hacia Argos.
HERALDO.— Haciendo la prueba lo sabré al punto.
[270] DEMOFONTE.— Pues si los tocas, llorarás y no a largo plazo.
HERALDO.— No te atrevas, por los dioses, a golpear a un heraldo.
DEMOFONTE.— SÃ, si el heraldo no aprende a ser prudente.
CORIFEO.— Vete. (Al Heraldo). Y tú, señor, no le pongas las manos encima.
HERALDO.— Me marcho. Pues débil es el combate de una sola mano. Pero vendré aquà con numeroso batallón, [275] todo armado de bronce, de Ares argivo[136]. Innumerables guerreros con escudo me esperan y también mi señor Euristeo que conduce el ejército en persona. Aguardando con impaciencia noticias de aquà espera en la mismÃsima frontera de Alcátoo[137]. [280] Cuando sepa tu insolencia aparecerá centelleante contra ti, tus ciudadanos, esta tierra y sus cultivos. Pues en vano poseerÃamos en Argos tan numerosa juventud en edad militar, si no nos vengáramos de ti.