Tragedias griegas
Tragedias griegas MACARIA.— ¡Oh! Pásalo bien, anciano, pásalo bien [575] y edúcame a estos niños de la siguiente manera: listos para todo, como tú; en nada más, pues tendrán bastante. Trata de salvarlos, consérvate lleno de celo para que no mueran. Somos hijos tuyos. Hemos sido criados por tus manos. Ves que también yo ofrezco mi juventud propia del matrimonio, [580] dispuesta a morir en vez de ellos. Y vosotros, compañÃa de mis hermanos que me asistÃs, que seáis felices y que gocéis de todo aquello por lo que será degollada mi vida. [585] Honrad al anciano, a la anciana que está dentro del templo, Alcmena, madre de mi padre, y a estos extranjeros. Y si un dÃa la liberación de vuestros trabajos y el regreso os los descubren los dioses, acordaos de cómo es preciso enterrar a vuestra salvadora. De la manera más hermosa es lo justo. Pues no me ofrecà [590] yo por vosotros en grado insuficiente, sino que morà por mi linaje. Esto será mi tesoro, en lugar de hijos y de doncellez, si es que debajo de tierra hay algo. Sin embargo, ¡ojalá no haya nada!, pues si los mortales que muramos vamos a tener también allà preocupaciones, [595] no sé adónde se volverá uno. Que el morir es considerado como el mayor remedio de los males.