Tragedias griegas
Tragedias griegas LA NODRIZA.— ¿Por qué lanzas de nuevo esa frase insensata? ¡Hace poco, tras de ascender a la montaña, te transportaba el deseo de cazar, y ahora quieres guiar a tus caballos por la arena a lo largo del mar! A los adivinadores compete decir qué Dios te agita la brida[196] y quién turba tu espirita, ¡oh hija!
FEDRA.— ¡Desdichada! ¿Qué he hecho? [240]¿Por dónde he caminado, privada de razón? ¡Deliro, he caído en la emboscada de un Demonio! ¡Ay, ay, infeliz de mí! (A la Nodriza). Mamá[197], cubre otra vez mi cabeza. Me da vergüenza de las palabras que he dicho. ¡Cúbreme! Las lágrimas brotan de mis ojos, que se recatan con vergüenza, Al recobrar la razón, me siento abrumada de dolor. La demencia es un mal; pero más vale morir sin sentir nuestro mal.