Tragedias griegas
Tragedias griegas FEDRA.— ¡Que me pierdes, nodriza! Por los Dioses te suplico que en lo sucesivo no me hables de ese hombre.
LA NODRIZA.— ¡Ya lo ves! piensas cuerdamente, y sin embargo, no quieres prestar ayuda a tus hijos y conservar tu vida.
FEDRA.— ¡Quiero a mis hijos! pero me atormenta otro destino.
LA NODRIZA.— ¡Oh hija! tienes las manos puras de sangre.
FEDRA.— Mis manos están puras, pero está manchado mi espÃritu.
LA NODRIZA.— ¿Procede de algún enemigo esa mancha?
FEDRA.— Es un amigo quien causa mi perdición, a pesar suyo y a pesar mÃo.
LA NODRIZA.— [320] ¿Te ha faltado en algo Teseo?
FEDRA.— ¡Asà nunca le ofendiera yo!
LA NODRIZA.— ¿En qué consiste, pues, eso tan terrible que te impele a morir?
FEDRA.— ¡Déjame ser culpable, que no lo soy contigo!
LA NODRIZA.— (Arrodillándose y cogiendo la mano de Fedra). No querrás, seguramente; pero no viviré más que por ti.