Tragedias griegas
Tragedias griegas LA NODRIZA.— ¡Amó a un toro[200], hija mía! ¿Por qué hablas de eso?
FEDRA.— ¡Y tú, desventurada hermana, esposa de Dionisos[201]!
LA NODRIZA.— [340] ¡Oh hija! ¿qué te ocurre? ¡Insultas a tus parientes!
FEDRA.— ¡Y yo soy la tercera en morir, y cuán desdichada!
LA NODRIZA.— ¡En verdad que estoy asustada! ¿Adónde van a parar tus palabras?
FEDRA.— Por eso soy desdichada, y no desde hace poco.
LA NODRIZA.— No me entero de nada de lo que deseo saber.
FEDRA.— ¡Ay! ¿Por qué no podrás decir tú misma lo que tengo que decir?
LA NODRIZA.— No soy un adivinador para averiguar con claridad las cosas obscuras.
FEDRA.— ¿Qué es lo que los hombres llaman amar?
LA NODRIZA.— Lo más dulce, ¡oh hija! y lo más amargo a la vez.
FEDRA.— Por lo que a mí respecta, sólo he experimentado lo último.
LA NODRIZA.— [350] ¿Qué dices? ¡Oh hija mía! ¿amas a algún hombre?
FEDRA.— Tal como es, al hijo de la amazona…