Tragedias griegas
Tragedias griegas Estrofa I: ¡Pluguiera a los Dioses que estuviese yo bajo altas cavernas, y que un Dios hiciese de mí un pájaro alado entre la bandada voladora de las aves! Sería transportada muy por encima de las olas del Adriena y del agua del Eridano[224], donde las tres desventuradas [740] jóvenes, compadeciendo a Faetón, vierten lágrimas chispeantes de ámbar[225] diáfano en el agua purpúrea de su padre.
Antistrofa I: Y también iría a la costa de las Hespérides armónicas, que abunda en frutos, donde el dueño del mar purpúreo impide el paso a los marinos, y detiene el limite venerable del Urano que sostiene Atlas; allí donde manantiales ambrosianos corren a la morada de Zeus, [750] y donde la tierra divina derrama delicias para los Dioses[226].
Estrofa II: ¡Oh nave cretense de alas blancas que llevaste a mi señora por las olas ruidosas y saladas del mar desde sus moradas felices hacia la voluptuosidad de bodas desgraciadas! Porque, de una a otra comarca, o de la tierra de Creta, voló a la ilustre Atenas un mal augurio, [760] pero ataron los torcidos cables en las costas de Muniquia[227], y bajaron a tierra firme.