Tragedias griegas
Tragedias griegas TESEO.— ¡Ah! ¿qué significan esa tablilla[230] suspendidas de su querida mano? ¿Me anuncian una nueva calamidad? ¿Me habrá escrito la infeliz sus últimas voluntades o sus disposiciones con respecto a nuestro lecho nupcial y a nuestros hijos? [860] TranquilÃzate, desdichada, que ninguna otra mujer entrará ya en la morada ni en el lecho de Teseo. El signo grabado en el anillo de oro de la que ya no vive encanta mis ojos. ¡Vamos, desátense los lazos del sello, a fin de que yo vea lo que quieren decirme esos caracteres! (Desata las ligaduras y hace saltar el sello).
EL CORO[231].— ¡Ay, ay! ¡Un Dios contrario nos envÃa una nueva serie de desdichas! ¡Ya no puedo vivir, después de lo que ha pasado[232]! [870] ¡Ay, la familia de nuestros amos está perdida! ¡Ay, ya no existe! ¡Oh Demonio! si es posible, no destruyas esta morada, y oye mis ruegos, pues al igual de un adivinador, preveo un mal augurio en esto.
TESEO.— ¡Ay de mÃ! ¡Una desdicha que no puedo soportar ni decir se añade a la primera! ¡Oh desventurado de mÃ!
EL CORO.— ¿Qué ocurre? Dilo, si conviene que yo lo sepa.
TESEO.— ¡Estas tablillas abominables gritan, gritan! ¿Adónde huiré de este cúmulo de males? ¡Perezco, desgraciado de mÃ, [880] frente a la querella que se exhala de este escrito!