Tragedias griegas
Tragedias griegas EL CORO.— ¡Ay! ¡las palabras que pronuncias son presagio de calamidades!
TESEO.— En verdad que no puedo retener por más tiempo tras las puertas de mi boca esta desventura horrible. ¡Oh ciudad, ciudad! ¡Hipólito ha osado atentar por la violencia a mi lecho nupcial, con desprecio del ojo venerable de Zeus[233]! Pero ¡oh padre Poseidón[234], que me has prometido cumplir tres votos mÃos! cumple uno de ellos contra mi hijo, y que no escapa a este dÃa, [890] si me hiciste promesas ciertas.
EL CORO.— ¡Oh rey! ¡por los Dioses, retira esa imprecación! No tardarás en comprender que te has equivocado. Obedéceme.
TESEO.— No es posible. Además, le expulsaré de esta tierra. Le herirá uno de estos dos malos destinos: o Poseidón le enviará muerto a las moradas del Hades, cumpliendo asà mis imprecaciones, o expulsado de aquà y vagando por tierra extranjera, arrastrará él su vida miserablemente.
EL CORO.— A propósito, he aquà a tu propio hijo Hipólito. [900] Contén tu cólera, ¡oh rey Teseo! y abriga designios mejores para tu familia.
(Entra Hipólito seguido de los cazadores).