Tragedias griegas

Tragedias griegas

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TESEO.— No necesito echar suertes, porque esta tableta te acusa con un testimonio cierto, y me importan poco las aves que vuelan por encima de nuestra cabeza[243].

HIPÓLITO.— [1060] ¡Oh Dioses! ¿Por qué cierro la boca todavía, si me pierdo por honraros? ¡No! en verdad que no persuadiría a los que tengo que persuadir, y violaría inútilmente el juramento que he prestado.

TESEO.— ¡Ah! ¡cómo me mata tu falsa virtud! ¿No te irás de la tierra de la patria cuanto antes?

HIPÓLITO.— ¿Adónde iré, desdichado de mí? ¿En qué morada hospitalaria entraré, desterrado por un crimen?

TESEO.— Recibirás hospitalidad de quienes se alegran de acoger a los corruptores de mujeres y participar de los crímenes domésticos.

HIPÓLITO.— [1070] ¡Ay, ay! el dolor me penetra hasta el hígado, y lloro porque te parezco culpable.

TESEO.— Haber gemido y previsto cuando proyectabas atentar contra la mujer de tu padre.

HIPÓLITO.— ¡Oh moradas, pluguiera a los Dioses que pudieseis elevar la voz y atestiguar si soy un hombre culpable!

TESEO.— Invocas a testigos mudos; pero éste, aunque sin voz, prueba que eres culpable.


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