Tragedias griegas
Tragedias griegas ARTEMISA.— A tu padre, a ti y a la mujer de tu padre.
HIPÓLITO.— ¿Debo, pues, llorar también la desventura de mi padre?
ARTEMISA.— Le han engañado las asechanzas de un Demonio.
HIPÓLITO.— ¡Oh! ¡qué desdichado eres, padre, a causa de esta calamidad!
TESEO.— ¡Muero, hijo! Ya no me deleita vivir.
HIPÓLITO.— Por ti y por tu error gimo, más que por mÃ.
TESEO.— [1410] ¡Pluguiera a los Dioses, hijo, que hubiese muerto yo en lugar tuyo!
HIPÓLITO.— ¡Oh dones amargos de tu padre Poseidón!
TESEO.— ¡Quisiera que la petición no hubiese rozado mi boca!
HIPÓLITO.— ¡Bah! Me habrÃas matado, de tan irritado como estabas contra mÃ.
TESEO.— Los Dioses me habrÃan quitado la razón.
HIPÓLITO.— ¡Ay! ¿Por qué no podrá la raza de los mortales herir a los Dioses con sus imprecaciones?