Tragedias griegas
Tragedias griegas PELEO.— ¿Con emboscadas ocultas o combatiéndole frente a frente?
EL CORO.— En el templo sagrado de Loxias delfiano.
PELEO.— ¡Ay de mÃ! ¡esto es horrible! Que vaya alguien inmediatamente al altar pÃtico, y diga a nuestros amigos lo que ha pasado aquÃ, a fin de impedir que el hijo de Akileo sea muerto por sus enemigos.
EL MENSAJERO.— [1070] ¡Ay, ay, qué desdichas vengo a anunciarte áti, anciano, y a los amigos de mi amo!
PELEO.— ¡Ah! ¡hiere mi espÃritu el presentimiento de alguna desgracia!
EL MENSAJERO.— ¡Sabe, anciano Peleo, que ya no existe el hijo de tu hijo! Ha sido herido con la espada por los hombres delfianos y por el extranjero micense.
EL CORO.— ¡Ay, ay! ¿qué vas a hacer, ¡oh anciano!? ¡Ten cuidado, no te caigas, enderézate!
PELEO.— ¡Nada soy ya, me muero! ¡Mi voz se apaga, mis miembros se disuelven en mÃ!
EL MENSAJERO.— Escucha cómo ha pasado la cosa, [1080] y yergue tu cuerpo, si quieres vengar a los tuyos.