Tragedias griegas
Tragedias griegas EL CORO.— He aquà al rey, que, traÃdo de la tierra délfica, entra en la morada. ¡Oh desventurado, que sufriste semejante destino! ¡Y tú, infeliz anciano, ya recibes en tu morada al Akileón, [1170] pero no como querÃas! ¡Herido tú mismo por el mismo golpe, caes en la misma calamidad!
PELEO.— Estrofa
¡Ay de mÃ! ¡Qué desdicha lamentable veo y recibo con mis manos en mis moradas! ¡Ah, ah! ¡Ay de mÃ! ¡oh ciudad tesaliana! ¡Me muero, me muero! ¡De mis moradas han desaparecido toda mi raza, todos mis hijos! ¡Qué desgraciado me hacen mis males! [1180] ¿Hacia qué amigo volveré los ojos para consolarme? ¡Oh querida boca, oh mejillas, oh manos! ¡Pluguiera a los Dioses que tu Demonio te hubiese matado ante Ilios, en la ribera del Simois!
EL CORO.— Y muerto allá, se le habrÃa honrado con arreglo a las circunstancias, ¡oh anciano! y serÃas más dichoso.
PELEO.— Antitrofa