Tragedias griegas
Tragedias griegas POLIXENA.— ¿Qué vas a anunciarme?
HÉCUBA.— Es voluntad unánime de los argianos que te mate sobre la tumba [190] el hijo del Peleida.
POLIXENA.— ¡Ay de mÃ! Habla, madre, explÃcame esa desgracia tan horrible.
HÉCUBA.— Escucha una noticia atroz, hija. Me anuncian el voto de los argianos contrario a tu alma.
POLIXENA.— ¡Oh madre que has sufrido tantos males crueles, oh desdichadÃsima madre de vida lamentable! [200] ¿qué amarguÃsima o inexpresable calamidad suscita todavÃa contra ti un Demonio? ¡Ya no te pertenece tu hija; ya no compartiré tu servidumbre ni las miserias de tu vejez! Y me verás ¡desventurada! igual a una fierecilla en las montañas, igual a una triste becerra, arrancada de tus manos, degollada, yendo hacia Edes, bajo la tierra negra, en donde me acostaré entre los muertos. [210] Y es por ti por quien lloro con gemidos lamentables, ¡oh madre desdichada! ¡Y no lloro por mi vida, que no es más que oprobio y miseria, porque morir constituye para mà una felicidad mayor!
EL CORO.— He aquà a Ulises, que viene presuroso a darte alguna noticia, Hécuba.