Tragedias griegas
Tragedias griegas LA SERVIDORA.— Un nuevo dolor traigo a Hécuba[355]; en medio de tantos males, no es fácil a la boca de los mortales pronunciar palabras de buen augurio.
EL CORO.— Hela aquÃ, que sale de las moradas, a tiempo aparece para oÃrte.
LA SERVIDORA.— ¡Oh señora desventuradÃsima, más todavÃa de lo que digo! Estas perdida, ya no existes, aunque aún veas la luz. Sin hijos, sin esposo, sin ciudad, estás perdida sin remedio.
HÉCUBA.— [670] Nada nuevo dices con eso, y se lo dices a quien ya lo sabe. Pero ¿por qué me traes el cadáver de Polixena, cuya sepultura debÃa celebrarse por los acayanos todos?
LA SERVIDORA.— ¡No sabe nada! Cree que traigo a Polixena, por quien llora; no se figura otras desgracias.
HÉCUBA.— ¡Ay! ¡desdichada de mÃ! ¿Acaso me traes la cabeza furiosa de la profética Casandra[356]?
LA SERVIDORA.— ¡Viva está la que nombras, y no lloras por el que ha muerto! ¡Mira su cadáver desnudo! [680] Mira si te parece un prodigio y si tus esperanzas son fallidas.