Tragedias griegas
Tragedias griegas AGAMENÓN.— ¿Qué pides de mÃ, en fin?
HÉCUBA.— Ninguna de las cosas en que piensas, ¡oh rey! [760] ¿Ves este muerto por el que derramo lágrimas?
AGAMENÓN.— Le veo; pero no comprendo qué quieres decir.
HÉCUBA.— ¡En otro tiempo le he parido, le he llevado bajo mi cintura!
AGAMENÓN.— ¿Acaso es uno de tus hijos, ¡oh desventurada!?
HÉCUBA.— No es ninguno de los Priamidas que murieron en Ilios.
AGAMENÓN.— ¿Es que has tenido otros hijos, mujer?
HÉCUBA.— SÃ, por cierto, e inútilmente, a juzgar por éste.
AGAMENÓN.— ¿Dónde estaba, pues, cuando perecÃa la ciudad?
HÉCUBA.— Le alejó de ella su padre, temiendo que muriera.
AGAMENÓN.— ¿Adónde le envió, separándole de todos sus demás hijos?
HÉCUBA.— [770] a esta misma tierra, donde se le ha encontrado muerto.
AGAMENÓN.— ¿Se le confiaron al hombre que manda en esta tierra, a Poliméstor?