Tragedias griegas
Tragedias griegas HÉCUBA.— ¿Sabes ahora lo que quiero decirte, asà como a tus hijos?
POLIMÉSTOR.— No lo sé. Tú dirás.
HÉCUBA.— [1000] ¡Ojalá te agraden mis palabras tanto como me agradas tú!
POLIMÉSTOR.— ¿Qué tenemos que saber yo y mis hijos?
HÉCUBA.— Que hay antiguas reservas de oro de los Priamidas.
POLIMÉSTOR.— ¿Y es eso lo que quieres hacer saber a tu hijo?
HÉCUBA.— Naturalmente, y quiero que sea sólo por mediación tuya, porque eres un hombre piadoso.
POLIMÉSTOR.— ¿Y para qué hacia falta que estuviesen presentes mis hijos?
HÉCUBA.— Mejor es que lo sepan, por si tú murieras.
POLIMÉSTOR.— Está bien y es lo más prudente.
HÉCUBA.— ¿Sabes dónde está el templo de Atana IlÃada?
POLIMÉSTOR.— ¿Está allà el oro? Pero ¿qué señal lo indica?
HÉCUBA.— [1010] Una piedra negra que sobresale del suelo.
POLIMÉSTOR.— ¿Tienes algo más que decirme acerca del particular?