Tragedias griegas
Tragedias griegas SILENO.— Bonito privilegio concedes a este huésped, Cíclope. (Bebe mientras).
CÍCLOPE.— ¿Eh, tú, qué haces? ¿Te bebes mi vino a escondidas?
SILENO.— No. Es él quien me dio un beso, porque lo miro con buenos ojos.
CÍCLOPE.— Te costará lágrimas, si amas al vino y él no te ama a ti.
SILENO.— Sí, por Zeus, afirma que se ha prendado [555] de mi belleza.
CÍCLOPE.— Vierte y llena la copa hasta el borde. (Obedece y lleva la copa a sus labios). Limítate a servir.
SILENO.— ¿Cómo está hecha la mezcla? Deja que lo examine.
CÍCLOPE.— Lo echarás a perder. Sírvelo tal cual.
SILENO.— Sí, por Zeus, pero mientras veo que tú coges la corona, aún tendré tiempo de probarlo. (Le ofrece la corona y se bebe la copa de un trago).
CÍCLOPE.— ¡Copero bribón! [560]
SILENO.— No, por Zeus, di más bien, ¡oh vino dulce! Tienes que lavarte la boca para poder tomar la bebida. (Llena de nuevo la copa).
CÍCLOPE.— (Se enjuaga la boca y la barba). Mira qué limpias están mi boca y mi barba.