Tragedias griegas
Tragedias griegas CORIFEO.— ¡QuĂ© hermoso es este peán![408]. ¡EntĂłnalo de nuevo, CĂclope! [665]
CĂŤCLOPE.— ¡Ay desgraciadĂsimo de mĂ, cĂłmo he sido ultrajado, cĂłmo perezco! ¡Pero no conseguirĂ©is huir alegres de esta cueva, seres viles! Colocándome en el umbral de la caverna, adaptarĂ© a Ă©l mis manos[409].
(Aparece en el umbral de la gruta, con sus brazos extendidos y el ojo sangrando).
CORIFEO.— ÂżPor quĂ© gritas, CĂclope?
CÍCLOPE.— Estoy muerto. [670]
CORIFEO.— ¡Qué aspecto tan horrible!
CÍCLOPE.— Y, además, triste.
CORIFEO.— ÂżCaĂste embriagado en medio de las brasas?
CÍCLOPE.— Nadie[410] me destruyó.
CORIFEO.— Luego nadie te ha causado mal.
CÍCLOPE.— Nadie me cegó el párpado.
CORIFEO.— Luego tú no estás ciego.
CÍCLOPE.— ¡Asà lo estuvieses tú!
CORIFEO.— ÂżY cĂłmo nadie habrĂa podido cegarte?
CÍCLOPE.— Te burlas. Pero, ¿dónde está ese Nadie? [675]
CORIFEO.— En ninguna parte, CĂclope.