Tragedias I
Tragedias I HIPÓLITO. —¿A dónde me dirigiré, desdichado? ¿En casa de qué huésped hallaré acogida, desterrado por una acusación semejante?
TESEO. —En la de aquel que se goce acogiendo a seductores de mujeres como huéspedes y colaboradores de sus infamias.
HIPÓLITO. —¡Ay, ay, me has alcanzado el corazón y 1070 estoy a punto de llorar, si tengo la apariencia de un malvado y tú lo crees!
TESEO. —Entonces deberÃas haber llorado y haberte dado cuenta, cuando te atreviste a violar a la esposa de tu padre.
HIPÓLITO. —¡Oh casa, si pudieras cobrar voz y atestiguar si soy un hombre vil! 1075
TESEO. —Te refugias con habilidad en testigos mudos, pero los hechos sin palabras denuncian tu infamia.
HIPÓLITO. —¡Ay, si pudiera mirarme cara a cara para llorar la desgracia que me abruma!
TESEO. —Te has ejercitado mucho más en rendirte 1080 culto a ti mismo que en ser piadoso con tus padres, como era tu deber.
HIPÓLITO. —¡Oh madre desdichada, oh amargo nacimiento! ¡Que ninguno de mis amigos sea un bastardo!
TESEO. —(A su escolta). ¿No lo expulsáis, servidores? ¿No habéis oÃdo hace tiempo que yo he 1085 decretado su destierro?