Tragedias I
Tragedias I Antístrofa l.ª.
¡Que el destino procedente de los dioses se digne conceder a mis 1115 súplicas fortuna con prosperidad y un corazón exento de dolores! ¡Y que mis pensamientos no sean demasiado rígidos ni acuñados con metal de mala ley![68] ¡Pueda yo ser siempre feliz, adaptando con facilidad mi forma de ser al nuevo día que amanece!
Estrofa 2.ª.
Ya no tengo una mente serena, contemplando como estoy lo inesperado, desde que al astro de Atenas[69], el 1121 más resplandeciente de Grecia, lo hemos visto con nuestros propios ojos arrojado a una tierra extranjera 1125 por la cólera de su padre. ¡Oh playas de la costa de mi patria y encinar del monte, donde él daba muerte a las fieras, persiguiéndolas con perros de patas veloces, en compañía de la augusta Dictina! 1130
Antístrofa 2.ª.
Ya no montarás en el carro de potros vénetos, ocupando el hipódromo de la costa con las pezuñas de tus ejercitados caballos. Tu Musa, insomne[70] bajo 1135 el caballete de la lira, cesará de sonar en la casa paterna. Sin coronas estarán los lugares en que reposa la hija de Leto entre la profunda verdura. Con tu 1140 destierro ha muerto la rivalidad de las doncellas [en porfía] de tu matrimonio.
Epodo[71].