Tragedias I
Tragedias I HIPÓLITO. —¿Y qué?, del mismo modo me habrías matado, tan encolerizado como estabas entonces.
TESEO. —Los dioses me habían arrebatado la razón.
1415 HIPÓLITO. —¡Ay, si la estirpe humana pudiera maldecir a los dioses!
ÁRTEMIS. —Déjalo ya, pues ni siquiera bajo la tiniebla de la tierra[83] quedarán impunes los golpes de cólera que cayeron sobre tu cuerpo por voluntad de 1420 la diosa Cipris, debido a tu piedad y sensatez. Yo, con mi propia mano, al mortal que a ella le sea más querido castigaré con mis dardos inevitables. Y a ti, desdichado, en compensación de tus males, te concederé los mejores honores en la ciudad de Trozén. Las 1425 muchachas, antes de uncirse al yugo del matrimonio, cortarán sus cabellos en tu honor y durante mucho tiempo recibirás el fruto del dolor de sus lágrimas. Inspirándose en ti las vírgenes compondrán siempre sus cantos y el amor que Fedra sintió por ti no caerá 1430 en el silencio del olvido.
Y tú, hijo del anciano Egeo, coge a tu hijo en tus brazos y estréchalo contra tu pecho, pues lo mataste contra tu voluntad. Es natural que los humanos se equivoquen, cuando lo quieren los dioses. A ti te 1435 aconsejo que no odies a tu padre, Hipólito, pues conoces el destino que te ha perdido.