Tragedias I
Tragedias I 535 CĂŤCLOPE. —Es evidente que estoy ebrio y, sin embargo, ninguno se atreverĂa a tocarme.
ODISEO. —Amigo mĂo, cuando se está bebido, hay que quedarse en casa.
CĂŤCLOPE. —Necio es quien, despuĂ©s de haber bebido, no ama la orgĂa festiva.
ODISEO. —Quien estando ebrio permanece en casa, es sensato.
CÍCLOPE. —¿Qué hacemos, Sileno? ¿Te parece bien que me quede?
SILENO. —SĂ. ÂżQuĂ© necesidad tienes de otros 540 compañeros de bebida, CĂclope?
CÍCLOPE. —En verdad que este suelo suave de hierba florida…
SILENO. —Y, además, es bello beber al calor del sol. Recuéstate, pues, y ponte de costado sobre la tierra.
CÍCLOPE. —Ya está. ¿Por qué colocas la crátera 545 detrás de m�
SILENO. —Para que ninguno pueda apoderarse de ella al pasar.
CÍCLOPE. —Lo que tú quieres es beber a escondidas. Ponla en medio. (Sileno la sitúa en el centro). Y tú, extranjero, dime el nombre con el que hay que llamarte.
ODISEO. —Nadie. ¿Qué recompensa voy a recibir para elogiarte?