Tragedias I
Tragedias I SERVIDORA. —A Hécuba le traigo este[27] dolor. En la desgracia no les es fácil a los hombres que hable la boca con buen augurio.
CORIFEO. —He aquà a esta que cruza ante la casa, 665 y que aparece en momento oportuno para tus palabras.
SERVIDORA. —¡Oh infeliz del todo y aún más de lo que digo! Señora, perdida estás y ya no existes; aunque mires la luz, sin hijos, sin marido, sin ciudad, del todo destruida.
HÉCUBA. —No has dicho nada nuevo y has 670 reprochado a quienes lo saben. Mas ¿por qué vienes trayéndome este cadáver de PolÃxena, cuyo sepulcro se anunció que era preparado con celo por las manos de todos los aqueos?
SERVIDORA. —Ésta no sabe nada, sino que me entona un canto fúnebre por PolÃxena, y no comprende la 675 nueva desgracia.
HÉCUBA. —¡Ay de mÃ, infeliz que soy! ¿Es que traes acá la báquica[28] cabeza de la adivina Casandra?
SERVIDORA. —Has mencionado a quien vive, y, en cambio, no gimes por este muerto. Mas mira atentamente el cuerpo desnudo del cadáver, acaso te 680 parecerá asombroso y contra lo esperado.