Tragedias I
Tragedias I AGAMENÓN. —SÃ, terrible. Pero, con todo, censuro 885 el sexo femenino.
HÉCUBA. —¿Y qué? ¿No se apoderaron unas mujeres de los hijos de Egipto y despoblaron por completo a Lemnos de varones?[34] Mas que sea asÃ. Deja ese razonamiento y envÃame con garantÃas a esta mujer a través del ejército. Y tú (a una esclava) 890 acércate a mi huésped tracio y dile: «Te llama la en otro tiempo reina de Ilion, Hécuba —el provecho tuyo no será menor que el de ella—, y también a tus hijos. Que también tus hijos deben saber las razones de Hécuba». Y tú, Agamenón, retrasa el funeral de 895 PolÃxena, la recién degollada, para que estos dos hermanos juntos en una sola llama, doble motivo de dolor para una madre, sean ocultados en la tierra.
AGAMENÓN. —Asà será eso. Mas si hubiera para el ejército oportunidad de navegar, no podrÃa yo 900 concederte esa gracia. Pero ahora, ya que un dios no lanza soplos favorables, es necesario que permanezcamos mirando la ruta en calma. ¡Que salga bien de cualquier manera! Pues esto es común para todos, para cada uno en privado y para la ciudad: que al malo le ocurra algún mal y que el bueno sea feliz.
CORO.
Estrofa l.ª.