Tragedias I
Tragedias I 905 Y tú, oh patria troyana, ya no serás llamada ciudad entre las no devastadas. Tal nube de helenos te oculta y te envuelve, tras haberte destruido ya por la lanza. 910 Acabas de ser despojada de tu corona de torres y de arriba abajo estás recubierta de una lamentabilísima capa de Ceniza. ¡Infeliz de mí! Ya no caminaré por ti.
Antístrofa 1.ª.
915 A media noche sufrí la destrucción; cuando, después del banquete, un sueño dulce se derrama en los ojos, y cuando, después de los cantos, tras hacer cesar el sacrificio que origina danzas, mi esposo yacía 920 en la alcoba nupcial, y la lanza en su clavo, sin ver todavía el tropel de marineros que estaba invadiendo ya Troya la de Ilion.
Estrofa 2.ª.
Y yo peinaba en orden mis trenzas, con sus lazos 925 y cintas, mirándome en los reflejos infinitos de espejos dorados, para echarme luego en mi lecho. Pero un griterío se alzó en la ciudad. Recorría la ciudad de 930 Troya la siguiente exhortación: «¡Oh hijos de los helenos! ¿Cuándo, cuándo llegaréis a vuestras casas después de destruir la atalaya de Ilion?».
Antístrofa 2.ª.