Tragedias I
Tragedias I HÉCUBA. —Quiero decirte a ti y a tus hijos un 980 asunto mÃo privado. Mas manda a tus acompañantes que se aparten de estas viviendas.
POLIMÉSTOR. —Marchaos. Pues esta soledad ocurre en lugar seguro. Tú eres amiga, y grato para mà es este ejército de los aqueos. Pero tú deberÃas indicarme 985 en qué debe quien lo pasa bien ayudar a sus amigos cuando no lo pasan bien. Que estoy dispuesto.
HÉCUBA. —Primero háblame de mi hijo Polidoro a quien, confiado por la mano de su madre y de su padre, tienes en tu palacio, si está vivo. Lo demás te lo preguntaré después.
POLIMÉSTOR. —Claro que sÃ. En la parte que le corresponde tienes buena suerte.
990 HÉCUBA. —¡Oh queridÃsimo! ¡Qué bien hablas, y de qué forma digna de ti!
POLIMÉSTOR. —¿Qué quieres saber de mi en segundo lugar?
HÉCUBA. —Si de esta que lo dio a luz…, ¿se acuerda algo de m�
POLIMÉSTOR. —SÃ, e incluso trataba de venir oculto aquà hasta ti.
HÉCUBA. —¿Y está a salvo el oro que trajo cuando vino a Troya?
995 POLIMÉSTOR. —A salvo, al menos custodiado en mi palacio.